El Carisma

La reforma fue un ideal predicado y vivido en toda la Iglesia católica desde finales del S. XIV. Con sus más y sus menos alcanzó su plenitud a finales del XVI, tras el Concilio de Trento. Dentro de esta corriente, Santa Teresa, con la fundación de San José de Ávila, se vuelve el máximo exponente del movimiento descalzo en la vida religiosa, influyendo en un buen número de órdenes.

Es lo que Juan de Ribera denomina general reformación de las monjas y por lo que empatiza tanto con la obra de la Santa reformadora. La reforma nace de la insatisfacción, de la comezón interior que desea una vida mucho más radical, enraizada en el deseo de fidelidad a lo esencial de la propia vida: la oración, el silencio, la soledad, la pobreza, la penitencia, la vida fraterna, la sencillez de vida e igualdad entre las hermanas. Todo esto, en esta época, se vuelve un ideal que ejerce gran atractivo y se extiende por toda la geografía española de finales del siglo XVI, aunando los espíritus más generosos e inquietos.

Todo el fervor eucarístico de san Juan de Ribera y su época va a tener un influjo especial en las Agustinas Descalzas tanto porque su fundador es un enamorado del Santísimo Sacramento como porque su fundación da el primer paso en Alcoy, en respuesta reparadora a una profanación de la Eucaristía. Ellas hacen suyo el santo y seña del fundador: ¡Alabado sea el Santísimo Sacramento! Y van a tener una especial dedicación a la Oración, cuyo centro será la Eucaristía. 

                San Juan de Ribera San Juan de Ribera nació en Sevilla en 1532. Estudió en la universidad de Salamanca. Fue nombrado obispo de Badajoz en 1562, a los 30 años de edad. En 1569 fue nombrado Arzobispo de Valencia y Patriarca de Antioquía. Durante varios años fue Virrey y Capitán General del Reino de Valencia. Murió en la ciudad de  Valencia el día 6 de enero de 1611.

Gran restaurador, ayudó a todas las comunidades religiosas y fundó las Agustinas Descalzas, años 1596-97, en la ciudad de Alcoy. A él se debe el colegio, llamado del Patriarca, de la ciudad de Valencia.

Tuvo que afrontar el grave problema social de la expulsión de los moriscos.

Se destacó muchísimo en su devoción al Sacramento del Altar. De él es la alabanza: ¡Alabado sea el Santísimo Sacramento!

Carta a sor Dorotea  y Enlace video de S. Juan de Ribera:

Agustinas: (el texto lo haré después)

Regla de S. Agustín

         Descalzas: La descalcez toma fuerza en España en este tiempo de finales del XVI y principios del XVII. No se trata sin más de una práctica corporal (ir descalzos), sino que ante todo es una categoría espiritual sumamente rica y significativa, una forma de sentirse y estar en la presencia de Dios, un modo de sentir y expresar a Dios. El texto bíblico que la inspira y alimenta es Ex.3, 1-6. Dios pide a Moisés, ante la zarza ardiente, que se quite las sandalias. Descalzarse porque lo que pisamos es tierra Santa, lugar en el que habita Dios; descalzarse, desnudarse de todo amor y apego fuera de Dios. A esto van encaminadas las distintas prácticas como el recogimiento (silencio, soledad, encierro en la celda), la oración (sacramentos, oración litúrgica y personal por dos horas), la pobreza (sin dote que sustente, sino manteniéndose del trabajo manual), la mortificación (en comer, vestir, poseer) la vida de comunidad (donde todas son hermanas sin dignidades por abolengo o riquezas) y el trabajo. ¡¡Descalzarse en la presencia de Dios y para Dios!!